Aquellos maravillosos veranos

Publicado: 26 julio, 2012 en Conóceme
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Hay cosas que no concibo las unas sin las otras. El calor con la playa, esos sofocos con unas sandalias bonitas, los “pajarillos” mañaneros con el sonido del despertador, los grillos nocturnos y una copa en la mano… un verano sin esas historias fantásticas del séptimo arte. Muchos recuerdos… Cada época con sus momentos y absolutamente ninguno de ellos desmerecido al lado de los otros.

El cine de verano de Cullera era un de mis espacios preferidos. Esa cita que siempre estaba marcada todos los años. Unas sillas metálicas, incomodas hasta decir basta, que te “acomodaban” en una sesión que hasta tenía un pequeño parón de descanso. Casi sin haber anochecido empezaba el espectáculo y daba igual que los últimos rayos no te dejaran ver bien a Pedro Picapiedra. Era divertido…una pequeña aventurilla que simplemente por ser en verano, se recuerda con esa sonrisa en la boca.

Pero los años pasan y siempre hay “alguien” que llega a tu vida y te pone delante de tus ojos una nueva manera de entender esos cines de verano. Hace ahora un año, una tourné por los pueblos salmantinos con una pantalla, un proyector y todos los “instalaches” se convirtió en algo totalmente diferente a lo que esperaba. El frío castellano de esas noches bajo las estrellas (repipi pero cierto) no afectaba a todos los que hacían un hueco para ir con sus sillas plegables a la plaza de turno.

Para ellos el entretenimiento estaba en lo que reflejaba esa pantalla pero para mi fue increíble ver como la actitud de muchos era totalmente de entrega a algo especial que se hacía en su pueblo.

precios cine

Por eso, ante la masacre que se está haciendo contra la cultura en este país, y más aún contra el cine, no dejo de pensar en ese momento en el que con más frío que calor, la gente salía a la calle, en condiciones poco cómodas, para vivir una experiencia que les sacaba de su día a día.

No soy yo la que puedo valorar si el cine es caro o no. Cada uno, dependiendo de sus circunstancias tendrá su baremo en uno u otro sitio, pero sí me da por pensar en cuáles son los espectáculos de dos horas de duración que tengan un precio similar… pocos, ¿no?

Al final, lo único en lo que creo al 100% es qué se puede considerar una auténtica suerte poder contar con esos “locos” que siguen insistiendo en eso de llevar a todos los rincones las historias que debemos ver. Algo impagable, y más cuando las trabas están a la orden del día y esta “especie” de currantes está en extinción.

Sin ánimo de ser apocalíptica no puedo evitar ese pensamiento que me dice que no aprenderemos a apreciar lo que aún tenemos hasta que llegue el día en que los antiguos cines sean nuevos centros comerciales y que las sillas de playa ya no sirvan para ir a ver el pase nocturno con ese frío castellano.

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